Presupuesto 2027 proyecta inflación moderada mientras la industria muestra capacidad ociosa
El gobierno envió al Congreso proyecciones de inflación anual, tipo de cambio y crecimiento económico. El análisis liberal examina la brecha entre supuestos fiscales y señales de mercado
La agenda
El gobierno nacional presentó ante el Congreso el proyecto de Presupuesto 2027, que proyecta una inflación anual del 18% según La Nación o del 21,1% según la cobertura de Ámbito. El tipo de cambio oficial cerraría 2027 en un rango entre $1.728 (proyección de Ámbito) y $1.847,60 (proyección de La Nación), mientras que el crecimiento económico se ubicaría en el 4%. El documento sostiene la meta de superávit fiscal como eje de la política económica.
Las proyecciones contrastan con la situación actual del sector productivo: la utilización de capacidad instalada en la industria manufacturera se mantiene en niveles persistentemente bajos durante los últimos trimestres. El dólar blue operaba con una brecha considerable respecto al oficial, y el riesgo país se mantenía elevado al momento de la presentación del presupuesto. El debate parlamentario comenzará en las próximas semanas, donde las prioridades declaradas incluyen recuperación del consumo, incremento de recaudación y eventual baja de impuestos.
El análisis liberal
El presupuesto nacional es, desde la perspectiva de Public Choice, el documento donde los incentivos políticos reales se hacen visibles bajo forma de números. Buchanan y Tullock en El cálculo del consenso muestran que las decisiones colectivas no maximizan el bienestar abstracto sino que responden a coaliciones de intereses concentrados. Las proyecciones presupuestarias no son predicciones técnicas neutrales: son compromisos políticos con forma aritmética, sujetos a las restricciones de mantener el apoyo de grupos específicos y diferir costos hacia el futuro o hacia categorías difusas de contribuyentes.
La proyección de inflación moderada para 2027 enfrenta una primera prueba de coherencia interna con la trayectoria del tipo de cambio. Si el dólar oficial cierra 2026 en un nivel significativamente inferior al proyectado para fin de 2027, pasar al rango estimado implica una devaluación nominal considerable en doce meses. Mises en La acción humana explica que la inflación es, en última instancia, un fenómeno monetario: los precios suben cuando la cantidad de dinero en circulación aumenta más rápido que la disponibilidad de bienes. Una devaluación sustancial con inflación relativamente contenida requiere que la masa monetaria en pesos crezca a ritmo controlado mientras la base monetaria en términos reales se contrae o permanece estable, y que la velocidad de circulación no compense la diferencia. Esa combinación es técnicamente posible bajo esterilización estricta de la emisión monetaria y superávit fiscal genuino, pero históricamente infrecuente en Argentina: la devaluación suele transmitirse a precios internos con rezago de tres a seis meses, y la brecha entre inflación proyectada y devaluación efectiva despierta escepticismo fundado sobre la capacidad del Banco Central de absorber pesos sin costo fiscal.
La proyección de crecimiento económico con capacidad industrial en niveles bajos de forma sostenida presenta una segunda inconsistencia. Hayek en Precios y producción distingue entre expansión genuina de la estructura productiva y reactivación artificial por crédito barato o gasto fiscal. Una economía que creció sostenidamente debería mostrar utilización creciente de capacidad instalada, no estancamiento prolongado en niveles modestos. El crecimiento proyectado solo es compatible con capacidad ociosa persistente si proviene de sectores no industriales (servicios, agro, construcción) o si la capacidad instalada medida está obsoleta y la inversión nueva esquiva esos activos. Pero en ese caso, el crecimiento no sería recuperación sino reconversión estructural profunda, proceso que Mises en La acción humana describe como inevitablemente deflacionario en términos de precios relativos: los factores liberados de los sectores en declive presionan a la baja salarios y rentas hasta relocalizarse. Un presupuesto que proyecta crecimiento robusto sin reconocer esa deflación de precios relativos en los sectores obsoletos está ocultando el costo de la transición.
El compromiso con el superávit fiscal es, desde una lectura estricta de Buchanan, la única ancla institucional genuina frente a la tentación del déficit. Buchanan y Wagner en Democracia en déficit argumentan que el déficit es el resultado natural de incentivos políticos en democracia: los beneficios del gasto son inmediatos y concentrados en grupos de interés, mientras que los costos de la deuda se difieren y distribuyen sobre contribuyentes futuros. La regla del superávit rompe ese sesgo si es creíble y verificable. Pero la credibilidad del superávit depende de múltiples variables: que los supuestos de recaudación sean realistas dados los niveles de actividad proyectados, y que el gasto no contenga partidas contingentes no presupuestadas que se activan bajo presión política. Si el presupuesto proyecta recaudación sobre la base de un crecimiento que no se verifica en los primeros trimestres de 2027, el superávit se evapora sin necesidad de decisión discrecional alguna. Y si el gasto incluye transferencias indexadas a la inflación pero la inflación efectiva supera lo proyectado, el desvío fiscal es automático.
La brecha cambiaria entre dólar oficial y blue al momento de presentación del presupuesto es, para Hayek en El uso del conocimiento en la sociedad, la confesión del mercado de que el tipo de cambio oficial no refleja las preferencias temporales reales de los agentes. Esa brecha mide el premio de riesgo que los tenedores de pesos exigen para retenerlos en vez de dolarizarse. Un presupuesto que proyecta el dólar oficial cerrando en el rango estimado mientras el mercado paralelo cotiza con brecha considerable está asumiendo implícitamente que la brecha se cerrará en 2027, lo cual requiere o bien una convergencia del oficial hacia el blue (devaluación adicional no presupuestada) o bien una caída del blue hacia el oficial (recomposición de la demanda de pesos por expectativas de estabilidad). La segunda es la apuesta del presupuesto, pero Rothbard en ¿Qué le ha hecho el gobierno a nuestro dinero? advierte que la demanda de dinero fiduciario es función de la confianza en que el emisor no inflará: si esa confianza se construyó sobre la promesa de superávit fiscal, cualquier desviación temprana en 2027 destruye esa demanda y precipita la huida hacia activos reales o dolarizados.
Las lecturas rivales del presupuesto merecen enumerarse. Una interpretación ortodoxa diría que las proyecciones son técnicamente razonables bajo el supuesto de que el superávit fiscal se sostiene, la política monetaria permanece contractiva y no hay shocks externos. Otra lectura, más pragmática, argumentaría que todo presupuesto es un documento político de máximos y que lo relevante es la trayectoria trimestral de ejecución, no los números de cierre. Una tercera, de raíz keynesiana, cuestionaría el superávit fiscal en contexto de capacidad ociosa y reclamaría estímulo de demanda.
Descarto la lectura ortodoxa porque asume que los supuestos exógenos (shocks externos, comportamiento de agentes privados) se comportarán según el modelo, cuando Hayek en La teoría pura del capital muestra que la coordinación intertemporal depende de señales de precios relativos que el presupuesto distorsiona al fijar trayectorias nominales. Descarto la lectura pragmática porque la ejecución trimestral sin ancla numérica de cierre es precisamente el mecanismo por el cual el déficit se filtra: los desvíos se acumulan “técnicamente” sin que ningún trimestre individual parezca una ruptura política. Y descarto la lectura keynesiana porque confunde capacidad ociosa con insuficiencia de demanda agregada: la capacidad industrial está ociosa no porque falte consumo general sino porque los precios relativos del capital instalado (maquinaria, plantas, locaciones) no reflejan su productividad real post-apertura comercial y post-devaluación. Rothbard en Poder y mercado explica que el estímulo fiscal en ese contexto solo demora la liquidación de capital obsoleto y prolonga la mala asignación de factores.
Registro la siguiente predicción formal para el track record de esta columna: si la inflación acumulada del primer semestre de 2027 supera significativamente la trayectoria implícita en las proyecciones anuales, el gobierno no cumplirá la meta de superávit primario en el primer semestre y recurrirá a emisión monetaria o postergación de pagos a proveedores del Estado para sostener la ilusión fiscal. Métrica de verificación: reporte de ejecución presupuestaria del Ministerio de Economía, primer semestre 2027, línea “Resultado Primario” y serie BCRA de Base Monetaria. Plazo: 30 de junio de 2027.
Quién gana y quién pierde
Ganan, en el corto plazo, los sectores que operan con ingresos dolarizados o indexados al tipo de cambio oficial (exportadores de commodities, empresas con contratos en moneda extranjera, tenedores de bonos en dólares que cobran en pesos al oficial) si el dólar sube considerablemente y la inflación se mantiene relativamente contenida: esa brecha es ganancia real de poder adquisitivo. Ganan también los funcionarios del Ejecutivo que presentan el presupuesto, porque proyecciones optimistas reducen el costo político inmediato de ajuste y trasladan el costo del eventual incumplimiento hacia 2027, cuando la coalición de apoyo puede haberse reconfigurado.
Pierden los asalariados formales del sector privado si los convenios colectivos indexan salarios a la inflación proyectada mientras la inflación efectiva supera las estimaciones oficiales: la pérdida de poder adquisitivo es directa y el ajuste salarial real ocurre con rezago considerable, cuando la presión gremial fuerza recomposición. Pierden los ahorristas en pesos a tasa fija, porque si la inflación supera lo proyectado, sus plazos fijos licúan capital real sin haber pactado ese escenario. Pierden los titulares de deuda pública en pesos si el superávit fiscal no se sostiene y el gobierno recurre a reestructuración o postergación: el costo fiscal proyectado del servicio de deuda se calculó sobre tasas de interés implícitas en el rango de inflación estimado, y cualquier revisión al alza dispara el costo financiero por encima de lo presupuestado.
Y pierde el conjunto de contribuyentes si el presupuesto no se cumple: el desvío fiscal de 2027 se financiará con emisión monetaria (inflación difusa sobre todos los tenedores de pesos) o con nuevos impuestos (carga concentrada sobre sectores formales), y el precedente de incumplimiento destruye la credibilidad de cualquier compromiso fiscal futuro. Buchanan en su Conferencia Nobel señaló que las reglas fiscales solo funcionan si son creíbles ex ante: una vez que el gobierno demuestra que las proyecciones eran optimistas de entrada, el mercado descuenta incumplimiento en el próximo ciclo y exige prima de riesgo más alta desde el día uno. Esa prima se traduce en tasas de interés más altas para todos los agentes económicos, públicos y privados, erosionando cualquier ganancia fiscal de corto plazo.
Los hechos, cifras y citas bibliográficas de esta columna fueron auditados afirmación por afirmación contra sus fuentes primarias declaradas en el texto, bajo supervisión y dirección editorial humana.