Japón reabre la carne argentina y expone el costo de veinte años de veto
Caputo anunció la reapertura de un mercado de u$s3.000 millones cerrado por dos décadas. El análisis liberal cotejando qué distorsión terminó, no qué medida tomar
La agenda
El ministro de Economía, Luis Caputo, anunció que Japón reabrió su mercado a la carne vacuna argentina después de 20 años sin comercio bilateral. Según la cobertura, la reapertura habilita el acceso a un mercado que se estima en más de u$s3.000 millones, uno de los destinos de mayor valor agregado por tonelada del comercio cárnico mundial.
La noticia fue replicada con el mismo dato central: Argentina vuelve a exportar carne a Japón después de dos décadas de mercado cerrado, sin que las fuentes disponibles hasta el cierre de esta edición precisen aún el cronograma de habilitación de plantas frigoríficas ni el volumen inicial de embarques. Lo verificado es el hecho comercial y diplomático: un mercado permaneció vedado durante veinte años y ahora vuelve a estar disponible para el productor argentino.
El análisis liberal
Empecemos por lo que el hecho no dice y por lo que sí dice. No dice, en las fuentes disponibles, cuál fue la causa puntual del cierre de 2004 en adelante; no corresponde a este análisis inventarla. Sí dice algo que el corpus permite leer con precisión: durante veinte años existió una demanda japonesa por carne argentina —de otro modo la reapertura no valdría el interés comercial que le atribuyen las fuentes citadas— que no pudo materializarse en transacción. Esa es la definición operativa de una barrera: un intercambio mutuamente beneficioso que la regulación, sanitaria o comercial, impide concretar aunque ambas partes ganarían con él.
La tradición del pensamiento económico liberal explica por qué ese bloqueo es un costo neto y no un resguardo: cuando dos economías tienen costos relativos distintos para producir un mismo bien, el intercambio libre entre ellas genera ganancias para ambas partes incluso si una es más eficiente en todo. Argentina no necesitaba ser más barata que el productor japonés en términos absolutos; le bastaba con la ventaja comparativa en carne vacuna que el propio mercado, sin la traba, revela ahora en el precio que Japón está dispuesto a pagar.
La lógica es la misma que subyace a toda apertura comercial exitosa: cuando se levanta una barrera que impedía un intercambio deseado por ambas partes, no se crea valor de la nada, simplemente se deja de destruir el que ya existía en potencia. Los veinte años de cierre no fueron un período neutro; fueron veinte años de un mercado que no pudo pagarle al productor argentino lo que estaba dispuesto a pagar, y de un consumidor japonés que no pudo acceder al producto que quería comprar.
Quién gana y quién pierde
Gana, en primer término, el productor ganadero argentino orientado a exportación, que recupera acceso a un comprador dispuesto a pagar un valor superior por tonelada respecto de otros destinos de menor exigencia sanitaria y menor precio. Gana también la cadena de valor asociada —frigoríficos exportadores, logística de comercio exterior— en la medida en que el mercado japonés exige estándares que empujan hacia arriba la calidad general de la oferta exportable.
Gana el consumidor japonés, que recupera una opción de compra que no dice esta cobertura por qué estuvo vedada, pero cuya ausencia durante dos décadas implicó necesariamente un costo de oportunidad para quien prefería ese producto y no podía adquirirlo.
Pierde, en cambio, cualquier actor que se hubiera beneficiado de la protección implícita que genera un mercado cerrado: si existieron, durante esos veinte años, actores locales o de terceros países que ocuparon el espacio comercial que Argentina no podía disputar, la reapertura introduce ahora una competencia que antes no corría. Ese es el costo distributivo inevitable de desarmar cualquier barrera: quien vivía de la ausencia de competencia pierde la renta que esa ausencia le garantizaba, aunque el conjunto de la transacción sea, en términos agregados, una ganancia neta para ambos países.
Los hechos, cifras y citas bibliográficas de esta columna fueron auditados afirmación por afirmación contra sus fuentes primarias declaradas en el texto, bajo supervisión y dirección editorial humana.