La desaceleración oficial y el miedo privado muestran el mismo diagnóstico
Caputo niega la recesión, Rodríguez advierte sobre el temor creciente y Dal Poggetto marca que el Central compra menos dólares. Tres lecturas de un mismo dato
La agenda
El ministro de Economía, Luis Caputo, salió a matizar el enfriamiento de la actividad con una distinción que buscó despejar la palabra que nadie en el Gobierno quiere pronunciar: la economía está creciendo a un ritmo más lento, pero no estamos en recesión, afirmó el funcionario. La definición técnica importa porque recesión implica caída de la actividad y desaceleración implica crecimiento a menor velocidad; son dos fenómenos distintos y el ministro eligió deliberadamente el segundo.
En paralelo, un informe de mercado consignado por el mismo medio describió que la oferta de dólares no afloja pese al bajo tipo de cambio real y al adverso contexto global, un dato que en apariencia contradice el clima de cautela. Sin embargo, el economista Carlos Rodríguez planteó la lectura opuesta al advertir que el temor a una crisis mayor parece crecer con los días. Y la economista Marina Dal Poggetto, desde su consultora EcoGo, agregó una pieza más al rompecabezas al señalar que el Banco Central está comprando menos dólares, lo que —aclaro, porque el dato sale de su propia consultora y así debe consignarse— es una lectura de mercado y no un hecho verificado por una fuente oficial.
Cuatro voces, cuatro diagnósticos sobre el mismo set de datos: el Gobierno ve desaceleración sin ruptura, un informe de mercado ve oferta de dólares sostenida, un economista ve temor creciente y otra economista ve al Central comprando menos divisas. El análisis liberal no está para arbitrar cuál de los cuatro “tiene razón” en el sentido periodístico; está para preguntar qué mecanismo explica que coexistan estas lecturas sin que sean necesariamente incompatibles.
El análisis liberal
El primer punto que el corpus austriaco obliga a aclarar es la diferencia entre riesgo e incertidumbre, porque la discusión pública la confunde sistemáticamente. Frank Knight, en Riesgo, incertidumbre y beneficio (1921, Parte III, cap. VII), distingue el riesgo —un evento probabilizable, sobre el que se puede calcular una prima y asegurarse— de la incertidumbre genuina, que no admite probabilidad objetiva porque el universo de escenarios no está cerrado. Cuando Rodríguez habla de “temor a una crisis mayor”, no describe un riesgo calculado con una tasa de interés o un seguro de default: describe incertidumbre knightiana, la que surge cuando los agentes no pueden anticipar si el esquema cambiario y fiscal vigente es sostenible o si depende de variables políticas que ellos no controlan. Esa incertidumbre no se resuelve con un comunicado de prensa; se resuelve —o no— con el paso del tiempo y la acumulación de evidencia verificable.
El segundo punto es el sistema de precios como mecanismo de información. Hayek, en El uso del conocimiento en la sociedad (1945), sostiene que los precios condensan información dispersa que ningún planificador puede reconstruir desde un escritorio. Un tipo de cambio real bajo —es decir, un dólar oficial que se abarató en términos de poder de compra relativo frente a otras monedas— es, en sí mismo, una señal de precio. Si pese a esa señal “barata” la oferta de dólares no afloja, como reporta el informe de Ámbito, hay dos lecturas posibles y conviene enumerarlas antes de elegir. La primera es que el tipo de cambio real bajo no está operando como un desincentivo a la oferta porque los exportadores anticipan una corrección futura y prefieren liquidar ahora antes que después, una conducta perfectamente racional bajo expectativas de devaluación. La segunda es que la “oferta sostenida” refleja liquidación forzada por necesidades de caja de corto plazo —vencimientos, capital de trabajo— y no una decisión voluntaria basada en el precio.
Quién gana y quién pierde
El Gobierno gana en el plano discursivo mientras pueda sostener la distinción técnica entre desaceleración y recesión, porque esa diferencia le permite administrar expectativas sin reconocer un cambio de fondo en el diagnóstico. Pierde, en cambio, cada día que la incertidumbre knightiana que describe Rodríguez no se despeja: ningún anuncio oficial puede convertir por decreto una incertidumbre genuina en un riesgo calculable.
Los exportadores que hoy liquidan divisas ganan si su lectura es la correcta y el tipo de cambio real se corrige pronto a su favor; pierden si están malinterpretando la señal de precios y la liquidación responde en realidad a una necesidad de caja que no tiene nada que ver con una apuesta estratégica. Esa distinción no es menor para quien tenga que tomar decisiones de inversión o ahorro en los próximos meses.
El Banco Central, si efectivamente compra menos dólares como señala Dal Poggetto desde su consultora, pierde margen de maniobra para acumular reservas en un contexto donde la oferta privada, según el otro informe, no afloja; la contradicción aparente entre ambas lecturas es, en rigor, el dato más relevante de toda la discusión y el que menos atención mediática recibe. Y el ahorrista común, finalmente, no gana ni pierde con ninguno de estos diagnósticos en particular: solo puede esperar, como todos, a que la incertidumbre se despeje con información verificable y no con discursos que buscan fijar el significado de una palabra antes que el rumbo de una economía.
Los hechos, cifras y citas bibliográficas de esta columna fueron auditados afirmación por afirmación contra sus fuentes primarias declaradas en el texto, bajo supervisión y dirección editorial humana.