Milei vuelve de París con promesas de inversión y el oficialismo empieza a resquebrajarse
Las promesas de inversión desde París chocan con la fractura interna que muestran las encuestas y la renuncia de una funcionaria central de Trabajo
La agenda
El Gobierno nacional regresó de París asegurando que trae compromisos de inversión por casi US$30.000 millones, una cifra que la propia comunicación oficial presenta como el signo más visible de la normalización de la relación de Argentina con el capital internacional. El anuncio llega en un momento en que el oficialismo necesita mostrar resultados tangibles de su gestión económica de cara al ciclo electoral de 2027.
En simultáneo, una encuesta relevada por El Cronista detectó un cambio de humor entre los votantes que en 2023 respaldaron a Javier Milei y Patricia Bullrich. El mismo día, Minuto Uno informó la renuncia de Claudia Testa, subsecretaria de Relaciones del Trabajo, una baja más en el organigrama de un área sensible para la relación con el mundo sindical. A esto se suma la declaración del economista Martín Eandi recogida por Perfil, quien sostuvo que “Argentina mejora, pero la gente no lo siente en el bolsillo” — una frase que no es un dato económico propio sino el objeto mismo de esta nota: alguien con perfil técnico verbalizando públicamente la distancia entre el relato oficial y la experiencia cotidiana.
El análisis liberal
Hay que separar dos planos que el Gobierno tiende a fusionar en un solo comunicado: el anuncio de inversión y la inversión efectivamente desembolsada. Frank Knight, en Riesgo, incertidumbre y beneficio (1921, Parte III, cap. VII), distingue entre riesgo probabilizable —sobre el cual se puede calcular y asegurar— e incertidumbre genuina, que no admite ese cálculo porque no hay precedente estadístico aplicable. Una declaración de intención de inversión firmada en una gira presidencial pertenece casi siempre al segundo terreno: depende de variables institucionales, cambiarias y normativas que todavía no se resolvieron. Tratar los montos anunciados como si fueran un flujo de caja confirmado es exactamente el error que Knight advertía: confundir una expectativa bajo incertidumbre con un riesgo ya tasado.
Aquí aparece una primera divergencia entre escuelas que vale la pena nombrar. La tradición de Chicago, más confiada en la capacidad de los agentes de formar expectativas racionales a partir de la información disponible, tendería a leer el anuncio como una señal de precios relevante: si los inversores se comprometen públicamente, están revelando una estimación genuina de retorno ajustado por riesgo país. La tradición austriaca, en cambio, pone el acento en que ese conocimiento está disperso y es tácito —Hayek lo desarrolla en El uso del conocimiento en la sociedad (1945)— y que ninguna cumbre diplomática puede sustituir la información que solo el proceso de mercado, con el capital ya desembolsado y expuesto a pérdida, termina de revelar. Para el austriaco, el anuncio es un dato de intención; el desembolso real, meses después, es el único dato de mercado.
La fractura interna que detecta la encuesta del Cronista no es un fenómeno aislado de la comunicación de París: es, en términos de Buchanan y Tullock en El cálculo del consenso (1962, cap. 10), la consecuencia esperable de que una coalición electoral construida sobre el descontento con la inflación y el gasto empiece a exigir resultados verificables en el ingreso disponible, no solo en los agregados macroeconómicos que el Gobierno exhibe como logro. Cuando el votante no percibe en el bolsillo lo que el comunicado oficial describe como mejora, no está necesariamente equivocado ni desinformado: está aplicando el único criterio de verificación que tiene a mano, que es su propia renta real, y esa renta responde a señales de precios relativos —salario, alquiler, tarifa— que no siempre se mueven en la misma dirección que el índice agregado que cita el vocero de turno.
La renuncia de Claudia Testa admite más de una lectura, y conviene enumerarlas antes de elegir. Una primera lectura la trata como rotación administrativa ordinaria, sin peso político: los equipos de gestión cambian, y una subsecretaría no es un ministerio. Una segunda lectura la conecta con el deterioro del clima laboral y sindical que documenta la agenda, sugiriendo fricciones internas sobre la política de relaciones del trabajo en un momento de ajuste fiscal prolongado. Una tercera lectura, la que sostengo, es la más austera: ambas explicaciones pueden ser ciertas a la vez sin que haya contradicción, pero lo que las vuelve relevante en conjunto con la encuesta y el anuncio de inversión es el patrón de public choice que describen Buchanan y Wagner en Democracia en déficit (1977): los gobiernos, cerca de instancias electorales, tienen incentivos a maximizar anuncios de alto impacto comunicacional —inversiones, cifras, titulares— incluso cuando el resultado efectivo tarda en manifestarse en la economía cotidiana del votante.
Quién gana y quién pierde
En el corto plazo, el Gobierno gana en el terreno comunicacional: la gira de París le permite instalar una narrativa de normalización internacional justo cuando necesita contrarrestar señales internas negativas. Pero esa ganancia es frágil y condicional: si los compromisos anunciados no se traducen en desembolsos verificables, el costo reputacional de haber vendido una intención como un hecho consumado recae sobre el propio oficialismo, en un momento en que ya no puede permitirse perder más credibilidad ante su base.
Pierde, en cambio, el área de Trabajo, que queda más debilitada tras la salida de Testa en un momento en que la relación con el mundo sindical ya exigía gestión fina. Y pierde paciencia —no necesariamente convicción— el votante que en 2023 apostó por el ajuste como camino hacia la mejora y que hoy, según refleja la encuesta citada, empieza a exigir que esa mejora se note en su ingreso disponible y no solo en el discurso oficial. Los inversores extranjeros, por su parte, son quienes retienen la posición más cómoda: pueden anunciar sin comprometerse en firme, y decidir el desembolso efectivo solo cuando las señales institucionales y cambiarias les resulten menos inciertas.
Los hechos, cifras y citas bibliográficas de esta columna fueron auditados afirmación por afirmación contra sus fuentes primarias declaradas en el texto, bajo supervisión y dirección editorial humana.