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Análisis liberal y contraste de la agenda nacional
Educación · analisis

La marcha universitaria pide más fondos a la oferta y olvida al estudiante real

La Quinta Marcha Federal reclama financiamiento universitario mientras solo dos de cada diez adolescentes de 15 años llegan en tiempo al curso que les corresponde

Por Clara Becker · 15 de octubre de 2026 Auditada contra fuentes primarias
Mientras arriba se reclama con los dientes, abajo se pierden en silencio los que nunca llegaron a masticar la secundaria.
Mientras arriba se reclama con los dientes, abajo se pierden en silencio los que nunca llegaron a masticar la secundaria.

La agenda

Estudiantes, docentes y gremios universitarios realizaron hoy la Quinta Marcha Federal Universitaria para exigir al Gobierno la aplicación inmediata de la ley de financiamiento universitario, sancionada pero todavía sin ejecución presupuestaria plena según el reclamo gremial. La movilización tuvo epicentro en Buenos Aires y réplicas en el interior: en Córdoba se confirmaron cortes de tránsito sobre las principales arterias de circulación durante la jornada, en el marco de un recorrido organizado junto a sindicatos docentes y centros de estudiantes. La consigna central, resumida por buena parte de la prensa afín al reclamo, fue defender la universidad pública “con uñas y dientes”, en un llamado que equipara financiamiento estatal con existencia misma del sistema.

El mismo día, y sin que ambos hechos hayan sido conectados por los organizadores de la marcha, se conoció que de cada diez estudiantes de 15 años, solo dos llegan en tiempo y forma al curso que les corresponde. El dato no refiere a la universidad sino al tramo secundario, pero es precisamente ahí donde se define buena parte de quién llega siquiera a discutir el ingreso a una carrera universitaria. La coincidencia temporal entre ambas noticias no es anecdótica: expone con crudeza dónde se concentra el reclamo de financiamiento y dónde se produce, silenciosamente, la pérdida de una enorme porción de estudiantes que ni siquiera logra sostener una trayectoria escolar regular antes de pensar en pisar un aula universitaria.

El análisis liberal

El reclamo de la marcha se dirige casi exclusivamente a la oferta universitaria: más presupuesto para las casas de estudio, más partidas para salarios docentes, más infraestructura. Es una demanda legítima en sus propios términos, pero parcial en su diagnóstico, porque asume que el problema del sistema educativo argentino se resuelve inyectando recursos en el escalón superior de la pirámide. La evidencia que surge del propio tramo secundario sugiere lo contrario: la universidad pública recibe, proporcionalmente, una porción considerable del gasto educativo total, mientras que el cuello de botella real se produce mucho antes, en una secundaria que expulsa o atrasa a la enorme mayoría de los adolescentes antes de que puedan siquiera aspirar a una carrera.

Desde una mirada liberal, el problema no es la existencia de financiamiento universitario ni su actualización, sino la ausencia de una discusión seria sobre dónde y cómo se asignan los recursos educativos en su conjunto. Un sistema que concentra el debate público en la universidad —que atiende a quienes ya lograron sortear las etapas previas— mientras ignora la crisis del nivel secundario, termina subsidiando con mayor intensidad a quienes menos lo necesitan y descuidando a quienes más temprano abandonan el circuito formal. La universidad pública argentina, gratuita y sin examen de ingreso en la mayoría de los casos, es también un mecanismo regresivo cuando el filtro social ya operó mucho antes, en una secundaria que no logra sostener las trayectorias de los sectores más vulnerables.

Esto no implica negar la necesidad de previsibilidad presupuestaria para las universidades ni desconocer el deterioro salarial docente que atraviesa buena parte del sistema. Implica, sí, cuestionar una lógica de reclamo que mira exclusivamente hacia arriba, hacia la oferta consolidada, y nunca hacia abajo, hacia el momento en que se produce la pérdida masiva de estudiantes.

Quién gana y quién pierde

Gana la dirigencia universitaria y gremial, que logra instalar agenda y visibilidad mediática en torno a un reclamo sectorial legítimo pero acotado, sin que se le exija explicar por qué el sistema que administra convive con una secundaria en crisis sin que eso forme parte de su propia demanda. Ganan también los estudiantes que ya transitan la universidad, en la medida en que cualquier mejora presupuestaria los beneficia de manera directa e inmediata.

Pierden, en cambio, los adolescentes que hoy cursan un secundario que los atrasa o los expulsa antes de llegar a discutir el ingreso a una carrera: ellos no tienen gremio que marche en su nombre ni consigna que los represente en la agenda pública del día. Pierde, también, la posibilidad de una discusión educativa integral, que piense el sistema como una trayectoria completa y no como compartimentos estancos donde cada nivel reclama para sí sin mirar lo que ocurre en los escalones anteriores.

Metodología y verificación

Los hechos, cifras y citas bibliográficas de esta columna fueron auditados afirmación por afirmación contra sus fuentes primarias declaradas en el texto, bajo supervisión y dirección editorial humana.