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Análisis liberal y contraste de la agenda nacional
Economía · analisis

Los salarios le ganan a la inflación en agosto pero pierden 2,3% en un año

El INDEC mostró mejora mensual de salarios formales, pero la economía sigue estancada tras el derrumbe de julio. El análisis liberal del dato

Por Milton Funes · 21 de octubre de 2026 Auditada contra fuentes primarias
Festeja que la mesa dejó de hundirse, sin notar que sigue dos escalones más abajo que el año pasado.
Festeja que la mesa dejó de hundirse, sin notar que sigue dos escalones más abajo que el año pasado.

La agenda

El INDEC informó que los salarios formales le ganaron a la inflación en agosto, un dato que el gobierno exhibió como señal de recuperación del poder adquisitivo. Pero el mismo informe, leído en la ventana de doce meses, muestra que los salarios formales acumulan una caída real del 2,3% en el último año. La mejora mensual no revierte el deterioro de mediano plazo: compensa parte de lo perdido, no todo.

El cuadro general de actividad es igual de elocuente. Según Ámbito, la economía se mantuvo estancada en agosto y no logró recuperar casi nada del derrumbe registrado en julio. El mes que debía mostrar rebote mostró, en cambio, estabilización en un nivel bajo: la actividad no cayó más, pero tampoco repuso lo perdido. Son dos series distintas —salarios y actividad agregada— que cuentan la misma historia desde ángulos diferentes: hay una economía que dejó de empeorar mes a mes, pero que todavía no genera el ingreso real que tenía antes de la contracción.

El análisis liberal

El primer error a evitar es leer el dato mensual como si cancelara el dato anual. Un salario que “le gana a la inflación” en agosto es una variación de tasa, no una recuperación de nivel. Si el poder adquisitivo cayó un escalón abrupto en algún momento del año y después crece a un ritmo apenas superior a los precios, el trabajador puede estar mes a mes “ganando” y seguir, en términos de poder de compra absoluto, por debajo de donde estaba doce meses atrás. Es aritmética de niveles versus tasas, y confundirlas es el truco retórico favorito de cualquier comunicación oficial, oficialista u opositora, cuando el nivel no acompaña.

Hayek, en El uso del conocimiento en la sociedad (1945), explica que los precios —y el salario es el precio del trabajo— son la señal que coordina decisiones dispersas de empleadores y trabajadores sin que nadie necesite conocer la causa agregada del fenómeno. Un salario real que cae de forma sostenida durante un año, aun si en el margen empieza a estabilizarse, está transmitiendo una información precisa: la productividad del trabajo, medida en términos de lo que esa hora de trabajo puede comprar, se deterioró. Ninguna recomposición nominal cambia esa señal; solo la oculta temporalmente si se la mira mes a mes y se ignora el acumulado.

El estancamiento de la actividad que reporta Ámbito es la otra cara de la misma moneda. Mises, en La acción humana (1949, cap. XXI, sec. 6), sostiene que el nivel de empleo y de ingreso real no son variables que se decreten, sino el resultado de ajustes de mercado entre lo que se produce y lo que se demanda a los precios vigentes. Una economía que “no logra recuperar casi nada” del derrumbe anterior está indicando que el proceso de reasignación de recursos tras un shock negativo todavía no se completó: capital y trabajo siguen buscando el punto en el que vuelven a ser rentables, y ese proceso no se acelera por la lectura optimista de un solo mes de datos salariales.

Conviene además separar lo que coinciden y lo que no coinciden austriacos y Chicago en este terreno. Ambas tradiciones concuerdan en que el salario real surge del ajuste de mercado y no de un decreto de poder adquisitivo, y en que la comparación relevante es la de niveles, no la de variaciones puntuales favorables al relato de turno. Divergen, sin embargo, en el énfasis sobre la causa del estancamiento: la tradición austriaca —siguiendo a Hayek y Mises— pone el acento en la distorsión de la estructura de precios relativos y en el tiempo de reabsorción del capital mal asignado durante el ciclo previo; la tradición de Chicago, más cercana al enfoque de expectativas racionales de Lucas (On the Mechanics of Economic Development, 1988), tendería a preguntar si el estancamiento responde a un shock de productividad agregada o a incertidumbre sobre reglas futuras que retrasa decisiones de inversión. Ninguna de las dos posiciones atribuye la mejora salarial mensual a una política exitosa de ingresos; ambas la tratarían, en el mejor de los casos, como ruido estadístico hasta que se sostenga varios trimestres.

Hay una lectura rival que merece enumerarse antes de descartarla: que el dato de agosto es el primer eslabón de una recuperación en curso, y que la comparación interanual simplemente arrastra la base baja de un año atrás. Es una lectura posible, pero insuficiente: si fuera así, el indicador de actividad general debería mostrar también un repunte visible, y lo que reporta Ámbito es exactamente lo contrario, una economía que no logra recuperar casi nada de lo perdido en julio. Cuando la mejora salarial puntual no viene acompañada de una recuperación de actividad, la hipótesis más consistente con los dos datos observados es que el salario de agosto refleja una suba nominal rezagada frente a una desinflación coyuntural, no una reactivación del ingreso real sostenible.

Quién gana y quién pierde

En el muy corto plazo gana el discurso oficial, que puede exhibir el dato mensual —salarios le ganan a la inflación— sin mentir, porque es cierto en su ventana temporal, aunque sea parcial. Gana también, de forma marginal y real, el trabajador formal cuyo ingreso de agosto compró algo más que el de julio: ese alivio puntual existe y no corresponde negarlo.

Pierden, en el acumulado, los mismos trabajadores formales cuyo salario real sigue un el umbral de referencia por debajo de donde estaba hace un año: ese es el poder de compra que no se recuperó y que ninguna variación mensual favorable borra retroactivamente. Pierden también, de manera más difusa, quienes dependen de la recomposición del consumo para sostener su actividad —comercio minorista, servicios, pymes proveedoras de bienes de consumo masivo— porque una economía estancada que no repone el derrumbe de julio no genera la demanda agregada que esos sectores necesitan para planificar inversión o contratación. El costo de un año de poder adquisitivo perdido no lo paga quien redacta el comunicado con el dato mensual; lo paga, mes a mes, quien hace changas para llegar a fin de mes con un salario que todavía no volvió a su nivel de origen.

Metodología y verificación

Los hechos, cifras y citas bibliográficas de esta columna fueron auditados afirmación por afirmación contra sus fuentes primarias declaradas en el texto, bajo supervisión y dirección editorial humana.