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Análisis liberal y contraste de la agenda nacional
Política · analisis

Milei demora reconocer a Lula y el costo recae sobre el comercio bilateral

La demora diplomática introduce incertidumbre sobre el vínculo comercial con Brasil y el Mercosur, mientras el gobierno administra su propio relato interno

Por Milton Funes · 26 de octubre de 2026 Auditada contra fuentes primarias
Mientras el teléfono con Brasilia suena en el vacío, la silla de Bullrich también queda vacía: el protocolo espera, el comercio no.
Mientras el teléfono con Brasilia suena en el vacío, la silla de Bullrich también queda vacía: el protocolo espera, el comercio no.

La agenda

El gobierno de Javier Milei demora el reconocimiento oficial del triunfo de Lula da Silva en el balotaje brasileño, en un gesto que se suma al cuestionamiento que Donald Trump viene haciendo sobre la legitimidad del proceso electoral en Brasil. La Casa Rosada no emitió el saludo protocolar habitual entre jefes de Estado tras un balotaje definido, lo que en la diplomacia regional equivale a una señal deliberada, no a un olvido administrativo.

La fricción interna también quedó expuesta: Patricia Bullrich decidió no asistir a la reunión de Gabinete en lo que se interpreta como un desmarque público respecto de la línea dura hacia Brasilia, anticipando un conflicto de límites diplomáticos dentro de la propia coalición gobernante. En paralelo, el terreno económico ya empezó a moverse: con Lula asegurado en el poder por cuatro años más, arrancó la carrera por el comercio bilateral, el Mercosur y las inversiones regionales, un terreno donde Brasil es, por lejos, el principal socio comercial de la Argentina.

El análisis liberal

El primer punto que conviene despejar es uno que el ruido diplomático tiende a oscurecer: el comercio entre dos países no depende de que sus presidentes se saluden. Hume, en “Of the Balance of Trade” (incluido en Ensayos morales, políticos y literarios), ya explicaba que los flujos comerciales se autorregulan por precios relativos y no por la voluntad de los gobiernos de turno; un exportador de soja o un frigorífico no necesitan que la Casa Rosada emita un comunicado de felicitación para seguir vendiéndole a un importador brasileño que paga en tiempo y forma. El comercio es, en su núcleo, una relación entre privados, no entre Estados. La cuenta por cobrar no reconoce balotajes.

Pero sería ingenuo tratar el episodio como si no tuviera costo. Lo que el gesto diplomático introduce no es una restricción directa al intercambio de bienes —todavía no hay aranceles ni trabas nuevas sobre la mesa—, sino algo más difícil de medir y por eso mismo más peligroso: incertidumbre regulatoria sobre el marco institucional en el que operan esos intercambios. Knight, en Riesgo, incertidumbre y beneficio (1921, Parte III, cap. VII), distingue el riesgo probabilizable —que se puede asegurar y descontar en una tasa— de la incertidumbre genuina, que no admite cálculo actuarial. Un inversor que evalúa una planta en la zona franca del Mercosur o un contrato de suministro energético con Brasil no puede asegurarse contra el deterioro de la relación bilateral entre gobiernos: es precisamente el tipo de incertidumbre que eleva el costo de capital sin que exista un instrumento financiero capaz de cubrirla. Ese es el verdadero canal de transmisión: no el arancel que todavía no existe, sino la prima de riesgo que el mercado empieza a exigir ante la sola posibilidad de que la relación institucional se deteriore.

Quién gana y quién pierde

Pierde, en primer lugar, el sector exportador argentino que depende del mercado brasileño y que ahora debe descontar una prima de incertidumbre institucional que no existía semanas atrás, aun cuando ningún contrato comercial se haya visto alterado todavía. Pierde también la coherencia de la política exterior oficial, que queda expuesta frente a su propia coalición cuando una figura como Bullrich marca distancia pública en lugar de acompañar la línea del Ejecutivo.

Gana, en cambio, quien pueda capitalizar políticamente el gesto hacia adentro: un relato de firmeza ideológica frente a Brasilia que, puertas afuera, tiene un costo económico que no recae sobre quienes lo pronuncian sino sobre el entramado privado de comercio bilateral. Y gana, por descarte, cualquier competidor regional que esté dispuesto a ofrecerle a Brasil condiciones de previsibilidad institucional que la Argentina, por ahora, elige no garantizar.

Metodología y verificación

Los hechos, cifras y citas bibliográficas de esta columna fueron auditados afirmación por afirmación contra sus fuentes primarias declaradas en el texto, bajo supervisión y dirección editorial humana.